Hoteles de Paso

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¿Qué es un hotel de paso o de corta estancia?
 
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Los primeros hoteles de paso en México llegaron en la década de los cuarenta. El movimiento migratorio gallego y asturiano en los años 30, durante la Guerra Civil Española, trajo al país y al DF no sólo un enorme caudal de cultura, sino capital destinado a abarrotes, billares, cantinas, mueblerías y, poco después, hoteles. De hecho, según la Asociación Nacional Hotelera y Conexos, en la actualidad, el 65% de los moteles que se estima existen en la ciudad representan el sustento para unos 2 mil gallegos o descendientes de éstos.

La propagación de moteles desde la década de los 40 sirvió primordialmente para ofrecer hospedaje a comerciantes itinerantes, camioneros y modestos viajeros por tierra. De hecho, motel es la unión de las palabras inglesas motor y hotel , a cuyas habitaciones se llega directo en un vehículo automotor.

Al paso de los años, los cómodos garages de aquellos moteles fueron emulados por pequeños establecimientos de hospedaje. Con claridad, su mercado lo conformaban parejas que buscaban un momento de intimidad y privacidad a precios accesibles, ya que en el resto de los hoteles las parejas no podían entrar si no traían una maleta consigo o si el lugar estaba situado junto a un mercado o cerca de una iglesia. Garage se volvió entonces un referente de hotel de paso o motel.

El término "hotel de paso", no está aceptado por la Asociación Nacional Hotelera ni por la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles, AC. Sin embargo, el término es comúnmente utilizado entre la sociedad mexicana, quien identifica al hotel de paso como un lugar en el que las parejas pueden ir a tener un momento de intimidad, prohibido por el resto de la gente que le rodea . Por tanto, la hotelería de paso es una opción para parejas que buscan privacidad ya que parte de su función social es servir como refugio para encuentros íntimos.

Los hoteles de paso pueden ser clasificados en centrales y periféricos. Generalmente, de su ubicación depende el estrato social al que están dirigidos. Así, los hoteles de paso que localizamos en colonias centrales como Tlalpan, La Merced o el centro, son utilizados por clases bajas y son más propensos al sexoservicio. Identificarlos no es difícil, pues la mayor parte de ellos no son moteles, pues no cuentan con estacionamiento directo a la habitación; son complejos verticales y se sitúan en zonas con altos índices de prostitución.

Por su parte, los ubicados en la zona periférica de la ciudad, son utilizados mayormente por clases medias y altas. Así, las salidas a las carreteras como Cuernavaca y Pachuca, son zonas en las que se ha explotado excesivamente el negocio de los hoteles de paso tipo motel, complejos horizontales que permiten desarrollar la intimidad en secreto. Curioso resulta que en los últimos años sean los hoteles periféricos los que más se han desarrollado.

Por unas horas, el hotel de paso se convierte en un mundo privado para quienes disfrutarán de la intimidad. Parejas que se sumergen en un ritual que mantiene el secreto y la clandestinidad. Nadie quiere ser visto, se trata sin lugar a dudas, de disfrutar el placer sin ser juzgado.

Canales de televisión pornográficos, preservativos, batas de baño, espejos, jacuzzis, albercas y camas de agua serán suficientes para disfrutar algunas horas con la pareja. Pero el ritual no comienza en la habitación. La propuesta hacia la pareja, la ubicación del hotel y el horario en el que asistirán determinarán también el secreto de la acción. El comportamiento de la pareja al entrar al hotel, la carencia de recepción en el mismo y la evasión del contacto visual con las demás personas –o la incomodidad de verlas– conforman de igual manera, parte de la aventura.

 
Fuente: Diana Vazquez
Revista EBabel - Urbano, Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México, División de Humanidades y Ciencias Sociales